No estoy muy seguro si es real, de serlo fue una de las escenas más crueles que he visto de cerca, porque los diferentes medios presentan imágenes crueles y una cosa es verlas así de lejos y otra cosa es presenciarlas… pero sigo dudando si fue real, ya han pasado varios días y siento que me agobia, quizás algún mecanismo de defensa se rehúsa a creer en su autenticidad.
Son dieciséis cuadras las que me toca caminar cada noche cuando regreso a casa, el sector es peligroso, aun no entiendo como no me ha pasado nada malo, pero cada noche, en cada paso, percibo el peligro, es algo latente, mierda, no puedo controlarlo. Cuando era pequeño le temía mucho a los perros, mi padre lo sabía, lo había notado, así que cuando me llevaba a la escuela, al pasar junto a un perro, con su mano agarrando la mía me decía que no debía demostrarles miedo, que ellos lo percibirían y eso los haría sentirse más en confianza e intentarían morderme.
Mi miedo a los perros disminuyó una noche del año 1986, mi hermana mayor llegó a casa con un hermoso perro pequeño al que llamaban Gordo, lo trajo de donde una tía que estaba cansada del animal ya que se cagaba en diferentes lugares de su casa y aparte peleaba con su hermano Patán, así que mi tía optó por deshacerse del Gordo y se quedó con el Patán, ya que este perro era más apegado a mi abuela, quien para ese entonces estaba perdiendo la visión y el perro le hacía de guía desde el cuarto hasta la sala, aunque ya mi abuela se conocía el camino de memoria.
Gordo se ganó el cariño de todos, fue nuestro primer perro, un perro enano color mostaza de ojos amables, su pecho y sus patas blancas, parecía que tenía unas botitas, su hocico negro y no muy alargado, ese perro era hermoso, supongo que sintió nuestro cariño porque en casa no se cagaba, era un perro educado, buscaba el patio para hacer sus cosas.
Pronto mi madre empezó a quererlo y éste se convirtió en su lazarillo, pronto empecé a perder el miedo a los perros, pronto empecé a quererlo también. Por alguna razón el Gordo se hizo popular entre los chicos del barrio, todos sabían su nombre… Gordo, que perro más tierno, estuvo con nosotros más de 10 años y hubiera estado más tiempo a nuestro lado, pero una mañana mi madre salió a la tienda y él fue tras ella, un taxi lo atropelló, y lo peor es que no lo mató de hecho, lo dejó sufriendo varios días, durante ese tiempo el Gordo no se quejó… que perro para más arrecho, murió una tarde y lo enterré en el patio de la casa, junto a un ciruelo que nunca dio fruto.
Después de varios días de su muerte, una noche, mi madre lloraba recordándolo, yo no quise demostrar tristeza, me levanté del sofá, me dirigí al patio, fui hasta el ciruelo y empecé a llorar por el Gordo, después de ese perro nunca más quise tener otro.
He tenido que hacer este paréntesis, es que el perro de la otra noche se parecía mucho al Gordo, hablo de la noche que aún estoy en duda de si fue real… qué chucha, a quién intento engañar, fue real y eso es lo que me jode. Les dije de las 16 cuadras que tengo que caminar para llegar a casa, que horrible, no siempre fue así, antes caminaba menos, pero están asfaltando la calle principal y la buseta se desvía dicha cantidad de cuadras, que es donde queda la otra calle principal que ya está asfaltada, así que me deja lejos de casa.
Dicen que esa zona está dominada por una pandilla que se hacen llamar Los Rambos, pandilleros de mierda, no hay cómo salir en bicicleta porque te la roban, si llevas zapatos deportivos de marca también te los roban, si ven un borracho le caen a golpes y le roban, si llevas un reloj te lo roban, viven para robar y fumar marihuana, la policía no los ha podido contener. La semana pasada salió un reportaje en la televisión sobre lo peligroso del sector, pero luego del reportaje no ha pasado nada, las cosas siguen iguales. De no haber sido porque la buseta se desvía nunca hubiese caminado por esa zona.
A mí no me han robado, ha de ser porque no tengo ninguna prenda de valor, calzo unos zapatos venus blancos a los que les escribí Nirvana (mi banda favorita), con tinta azul, uso la camiseta al revés, de pura rebeldía, y mi bluyín está desgastado y sucio, mi madre odia mi manera de vestir, mi padre me mira y me da la impresión de que entiende mi disgusto, pero no hace nada, solo es un espectador, quisiera que se involucrara más.
Vuelvo a esa noche, no quisiera hacerlo pero es necesario para que todas estas interrupciones tomen sentido, para hacer un todo, para darme a entender, aunque hace rato siento que ya nadie lo hace, pero que importa, debo volver a esa noche, debo volver al perro, no al Gordo, al perro de la otra noche que me recordó al Gordo. Debo advertirles que no hice nada por detener aquel acto cruel, eso me hace sentir mal, pero trato de consolarme ¿qué hubiera podido hacer? Eran dos pandilleros, creo, y yo sólo uno, aparte mi contextura no permite irme de golpes con nadie.
Las 16 cuadras que camino son una mezcla de piedra, tierra y polvo, a un costado está una zanja fétida de aguas putrefactas, allí la gente tira basura, animales muertos y otras porquerías más, dicen que gracias a esas zanjas el Guasmo no se inunda en las épocas de lluvia, y es verdad que no se inunda, pero se hace un lodazal con cada aguacero, de manera que cuando se camina por las calles toca saltar como si se estuviera jugando a la rayuela. Caminar ese tramo me llena de miedo, mi padre me decía que no hay que demostrar miedo, así como con los perros, el miedo es tu peor enemigo, pero es inevitable en mí.
Habré caminado unas cinco cuadras desde donde me dejó el carro, eran casi las 11 de la noche, mi preocupación era doble porque en casa de seguro mi madre me caerá a latigazos para que aprenda a no llegar tarde, para que no haga lo que me da la gana, para que sepa que yo no me mando, y para que sepa muchas cosas más que yo ya sé porque me las repite cada vez que me está pegando con el látigo. Ojalá solo hubiera sido eso, ojalá hubiera sido valiente una sola vez en mi vida.
Era la quinta cuadra, faltaban once y escuchaba a lo lejos a un perro quejarse y la voz de más de una persona, no distinguía lo que decían, mientras más me acercaba a la escena tuve en claro la situación, eran dos pandilleros (creo), no es que tenga duda de que eran dos, no tengo en claro es que si eran pandilleros o no, por eso el "creo", pero de algo si estoy seguro, es que esos tipos no estaban dentro de sus cabales porque atacaban a un perro parecido al Gordo, el animal estaba indefenso y amarrado por el cuello con una soga sujeta a una pared de caña, los tipos le tiraban piedras, le daban patadas, le pegaban con un palo, mientras el perro ensangrentado se quejaba ellos reían.
Me detuve un instante y quise decirles que se detengan, pero uno de ellos, como si supiera que quería decirles algo, se me adelantó y me dijo: ¡¿qué ves, sapo chuchetumadre?!, baraja antes de que hagamos huevada/ tranquilo socio/ ¿cómo que socio? ¿habremos robado juntos?/ no le hagan daño al perrito/ ya te dije que te barajes, maricón/ ¿es tu perro?/ ¿lo conoces?/ no, no, ya me voy/ ese hijueputa no sabe quiénes somos/ nos coge de buen humor, si no hace rato ya lo hubiéramos madrugado/ pero no tiene nada/ parece esos rockeros de a verga.
Caminé apresurado, desorientado y muy asustado, no pensaba en los latigazos que iba a recibir en casa, pensaba en el perro, podía escuchar sus quejidos mientras me alejaba, podía escuchar la risa de los supuestos pandilleros, podía escuchar una voz dentro de mí que me decía que era un cobarde, pude ser más enérgico, pude, pude, pero no, después se escuchó un quejido final, uno de ellos dijo con voz fuerte: ¡se murió ese perro hijueputa y violador! Llegué a casa y lo que era de esperarse, mi madre me empezó a dar latigazos mientras me gritaba, no me dolían, no me importaban, creo que también me dio una cachetada, o dos, o tres, ya no importa.
No pude dormir bien, pensé toda la noche en el perro que se parecía al Gordo, aquella mascota enana de color mostaza, con sus botitas blancas, con su trompa negra, me acordé de la noche que lloré junto al ciruelo, pensaba en que el Gordo había sido más valiente que yo, porque siempre se enfrentaba a perros que lo triplicaban en peso y tamaño, nunca se ahuevó, ¡nunca!, era un arrecho, creo que ya lo dije, y yo... yo nunca aprendí de esa arrechera. Ya en cama, despacio, intentando no hacer ruido, me arropo de pies a cabezas, enciendo el walkman que me prestó Jairo (si mi madre lo descubre de seguro me lo estrella contra el piso), meto el Nevermind y adelanto la cinta del casete hasta la canción Something in the way, ya con los audífonos colocados, la voz de Kurt Cobain, casi como un quejido, muy baja penetra en mis oídos,
Underneath the bridge
the tarp has sprung a leak
and the animal I've trapped
have all become my pets
no puedo evitar llorar, siento que dejé morir al perro, espero conciliar pronto el sueño, espero no despertar a mi hermano que duerme a mi lado, o quizás… quizás ya no espere nada.
And I'm living off of grass
and I'm dripping from the ceiling
It's ok to eat fish
Cause they don't have any feelings
Fotografía: Internet
Texto: Pedro Freire
