Si no me hubieran llamado con tanta insistencia no hubiese ido. Era la tarde de un viernes más, ya casi entraba la noche, Eliecer me ha mandado varios mensajes a mi teléfono celular, me insiste que vaya a su casa, pero cuando le pregunto el motivo de tanta insistencia simplemente me responde con un seco “¿vas a venir, sí o no?”, no quiso decirme para qué, sospecho que es para embriagarnos, sé que está sin dinero, me lo dijo el domingo pasado cuando fui hasta su casa y nos tomamos tres cervezas, me contó de su situación con Nelly, no pierde las esperanzas de regresar con ella, así que lo que hace lo hace muy discretamente, para que no se entere, para que no se termine de decepcionar, para que le de otra oportunidad, para volverla a coger, como según él, nadie más la ha cogido.
Aún estoy con dudas, no quiero gastar dinero en cervezas, al menos si la otra persona no pone nada, tampoco quiero amanecerme fumando marihuana, detesto gastar en taxi, así que cuando voy a beber a la casa de alguien lo hago con la predisposición de amanecerme y esperar al primer bus que pase en la mañana para regresar a dormir hasta mi pieza, si es que se puede, el cuarto en el que vivo es muy caluroso y los vecinos de arriba muy bulliciosos, tienen un chorros de hijos a los que pasan gritándoles durante el día y a veces incluso hasta en la madrugada. Gente así no debería reproducirse.
El teléfono vuelve a sonar, no es un mensaje, es una llamada de Tania, en cuanto le contesto me dice que está en Guayaquil, ha venido a pasar el fin de semana y que vaya a donde Eliecer, que estará allí esperándome, le pregunto si haremos el trío del que hemos estado hablando durante toda la semana en el Messenger, ríe escandalosamente, y me dice que no, que ya no quiere hacer esas cosas, también me pregunta si no me importa que ahora esté cogiendo con Eliecer, que si no siento celos, le respondo que no, que no hay problemas, que es su vida, vuelve a reír, parece que se ha comido un payaso, un enorme payaso .
Sigo en la oficina sin dar mucha importancia a la llamada, el teléfono vuelve a sonar, nuevamente es Tania, me pregunta si ya salí, que por dónde voy, que en qué tiempo llego, que no me demore, le digo que no tengo dinero y que no he almorzado, si se compromete a poner las bielas y algo de comer voy con gusto, me dice que vaya, que allá vemos que se hace, que ya no las arreglaremos.
Son casi las siete de la noche, la buseta pasa repleta, logro subirme a una que me llevará hasta el sur, no hay donde acomodarse, sin embargo el chofer me dice que pida permiso y que avance hasta el fondo que está vacío, le digo que no hay dónde, me responde enojado: “por eso es que uno no los quiere llevar” y suena la boca como si se estuviera desinflando mientras me mira por el retrovisor, apenas baja la mirada y un vigilante de tránsito le hace seña para que se detenga, por inercia el conductor coge un billete y lo dobla varias veces, lo coloca debajo de la matrícula del vehículo y lo espera al agente ya con todo listo, éste llega y le entrega matrícula y billete doblado, solucionado el asunto, el colectivo sigue su marcha.
Alguien se ha tirado un pedo, alguien tiene mal olor en las axilas, alguien se queja de lo lleno que va el bus, y veo a alguien, un sujeto, que puntea disimuladamente a una mujer joven uniformada, recuerdo porqué me cambié al centro, claro, era para evitar el viaje hasta el sur en buseta, vivir en el centro tiene sus ventajas, todo está cerca, la oficina, el malecón, el centenario y la dieciocho, bueno, la dieciocho no está tan cerca que digamos pero tampoco es que esté lejos. Mi teléfono, un Nokia 1100, no deja de sonar, es Tania que me pregunta por dónde voy, me vuelve a insistir con que no me demore, que me están esperando desde hace rato.
Llego a mi destino, si me costó trabajo entrar al colectivo no tienen idea de lo que me costó salir, el chofer siguió recogiendo pasajeros en el trayecto así que si antes estaba lleno ahora está a reventar, pero así es el pan nuestro de cada noche para la mayoría de guayaquileños, ya la gente está acostumbrada. Camino un par de cuadras y llego hasta la casa de Eliecer, una casa de dos pisos, abajo está la sala, la cocina, un baño de visita; arriba hay tres habitaciones, cada una ocupada por un inquilino distinto, entre los tres dividen gastos de arriendo, agua y luz, la comida corre por cuenta de cada quien.
La habitación que ocupa Eliecer tiene una ventana que da a la calle, así que cuando llego es fácil que me escuche si lo llamo desde las rejas, esta vez no será la excepción, solo que esta vez asoma sudado y agitado, me sale una carcajada espontánea, supongo que está cogiendo con Tania, me hace seña que hable despacio, que abra el picaporte y que pase y lo espere afuera, es que al lado de su casa vive Nelly y no quiere que se entere que está clavando a otra mujer. Baja con una camiseta de cuello rayada, una toalla cubre su parte inferior, yo no puedo parar de reír, me dice que estaba bañándose y que Tania está leyendo un libro, ¿con la luz apagada?, le pregunto y le digo que no hay necesidad de mentir, Tania hace su aparición en la sala, lleva una falda negra, diminuta, una blusa blanca ajustada y luce despeinada, vaya festín que interrumpí, me digo.
Eliecer no logra articular una frase coherente, es evidente que está algo molesto, pero la culpa no es mía, ellos me estaban llamando con insistencia, pregunto por las bielas, pregunto por la comida y lo que se les ocurre es decirme que vaya a comprar ambas cosas, me niego, si hay que salir a comprar vamos todos, a mí no me van a coger de mandadero, les digo, así que Eliecer sube para ponerse un pantalón, Tania va tras él, pero no bajan de inmediato, los gemidos de Tania llegan hasta abajo, luego de unos siete minutos ambos bajan vestidos y listos para salir a comer. Tania está agitada y solo sonríe cuando se topa con mi mirada.
Caminamos unas tres cuadras y llegamos a un asadero de pollos, hacemos el pedido, arroz con menestra y pollo para cada uno, la comida no está muy buena, Tania habla en voz alta, Eliecer me replica cada cosa que digo, a veces se pone sarcástico, a veces gracioso, a veces imbécil. No entiendo su actitud, pero paso por alto su comportamiento, espero pasar un buen viernes hablando de trivialidades mientras bebemos, mientras analizamos la escena cultural guayaquileña, mientras contamos chistes y escuchamos Charly García, Los Jaguares o Soda Stereo.
Pasamos por la tienda y compramos cinco cervezas y varios cigarrillos, la actitud de Eliecer sigue igual, pero le saco el cuerpo preguntándole por Nelly, cuestionando su proceder, eso de decir que no hay esperanzas y sin embargo hacer las cosas ocultas para que ella no se entere, Tania me sigue el dúo y así llegamos a su casa, cuatro cervezas al congelador y una afuera para empezar a darle vuelta, los cigarrillos se encienden, reviso los cd’s de Eliecer, me encuentro con uno de Los Rodríguez, Para no olvidar, es un álbum de dos discos, la portada es roja y en cada esquina está la cabeza de los integrantes de la banda, meto el disco 1 y me traslado a la música 10, Mi enfermedad, el intro desde ya es melancolía pura, la letra me llega a los huesos.
Tania me pregunta por mis amores, ¿cuáles amores? Le digo… tus amores pues, Maritza, Marina, Cynthia… de Cinthia no se nada, de Maritza peor… ¿y Marina? ¿Ya la cogiste?... a Marina apenas la he besado, es una niña de la que podría enamorarme y me cuido de eso… ¿te cuidas de enamorarte? Me pregunta Eliecer en su tono sarcástico… la semana pasada salí con ella, nos besamos varias veces, hasta me pellizcó la nalga pero cuando se despidió apenas me dio un beso en la mejilla, es tan inentendible, Los Rodríguez siguen sonando, la armónica de Calamaro me da un golpe bajo.
Sigo revisando entre los discos, hay un compilado de Rock en español, Juaguares, Illia Kuriaki, Soda Stereo, Plastilina Mosh, Molotov y varios grupos más integran el repertorio, las preguntas acerca de Marina no cesan. Cuando estaba con Tania, es decir, cuando teníamos nuestros encuentros sexuales, siempre me preguntaba por Marina, que si ya la había besado, que si ya había algún avance con ella y siempre me decía que estaba consciente de que jamás ocuparía el primer lugar en mi vida, que siempre estaría una Maritza, una Cinthia o una Marina de por medio ocupando el primer lugar, siempre me decía que ponía la cara de idiota cuando le hablaba de Marina, la estudiante de arte, la que escribe las crónicas que más me gustan, sabía que su poesía erótica no me llegaba como lo hacían las crónicas de Marina.
Una vez Marina escribió algo sobre mí, me partió en dos, y no precisamente porque me estuviera halagando ya que terminaba dando a entender que yo era un mediocre, pero se refirió a mí como una enfermedad venérea, como un fotógrafo de la calle, pensé en el tiempo de observación de ella hacia mi proceder, no supe como tomarlo, varios días después nos dimos nuestro primer beso, varios días después las cosas siguieron iguales y no volvió a pasar nada. Illia Kuriaky empezó a sonar con su canción al caballo violeta, creo que nadie está disfrutando tanto este disco como yo, Eliecer está apegado a Tania, le acaricia la espalda, le soba las piernas, le muerde las caderas, y no desaprovecha para replicar cada cosa que digo, guardo silencio para disfrutar la música mientras aspiro una bocanada de humo. Tania está sentada frente a mi, no tiene calzón, lo noté porque abrió las piernas un par de veces, no pude evitar mirar entre sus piernas.
Conversamos de diversos temas, pero Tania insiste en hablar de Marina, no desaprovecha el momento para nombrarla, al igual que Eliecer no desaprovecha la ocasión para tratar de hacer ese juego de palabras que terminará con alguna joda en mi contra. Ya nos hemos bebido tres botellas y media, ya nos hemos fumado todos los cigarrillos, ya han sonado varios discos y la actitud de Eliecer sigue incomodándome, no entiendo por qué lo hace, hasta el domingo pasado que charlamos estaba todo bien pero ahora está insufrible.
Tu actitud aburre, para un momento está bien, pero ya estar con lo mismo y lo mismo resulta aburrido, le dije, no pensé que lo tomaría tan mal, no pensé que se sentiría ofendido, ¿qué actitud? Déjate de hablar huevadas que si de actitud hablamos no te va a gustar lo que tengo para decirte, supo responderme, puedes decirme lo que quieras, solo te digo en tu cara, de frente lo que pienso, nada más, le respondí, yo también te digo de frente y en tu cara lo que tengo que decir, me replicó. Tania intervino y pidió que nos calmáramos, yo estaba calmado, miré mi reloj y me excusé, ya tenía que irme, iban a ser casi las once de la noche y luego me quedaría sin bus, me despedí.
Eliecer me acompañó hasta la puerta, se despidió y me dijo que le avise si se de algún trabajo para él, le dije que aún quedaba una biela en el congelador, que no la deje reventar, le deseé buen provecho y caminé hasta la calle principal. Tomé el primer taxi que apareció, en el camino no dejaba de pensar en la actitud de mi pana, no entendía la avalancha de preguntas de Tania y la verdad ya tampoco me importaba. Llegué a mi pieza en cuestión de minutos, a dormir, a intentar dormir, la señora del piso de arriba sigue gritando a sus hijos, algo les reclama de una comida que estaba en la nevera y ya no está, que era la merienda para su padre. Pienso en la biela que faltó por destapar, me acuesto en la cama sin desvestirme y me quedo dormido hasta la siguiente mañana.