sábado, 21 de mayo de 2016

Maythé... mi primer trans.

Yo desde chiquita me sentí mujercita, me gustaba jugar con las muñecas de mis hermanas y a veces me ponía la ropa de ellas a escondidas. Cuando tenía once años fue mi primera relación sexual con un hombre. Era un mecánico adulto del barrio que siempre me molestaba cuando yo estaba sola, un día me hizo pasar a su taller y… ay Dios mío, casi me muero, fue doloroso, sangré como por una semana.
Luego de ese relato ya no quise seguir escuchándolo, imaginé la escena de un hombre adulto, lascivo, observando a un pequeño que va a la tienda, o cuando sale a la escuela, imaginé su rostro y sentí fastidio y desprecio.
Saqué de mi bolsillo izquierdo del pantalón el tubo de vaporup, ese que sirve para inhalar, allí guardaba siempre un bate de marihuana, pensé en sacarlo y dar un par de pitadas, pero desistí de la idea y volví a guardarlo, Maythé lo notó y me preguntó qué era eso que tenía, que si era coca, que le regale una línea, le dije que no, que solo era un inhalador, me miró de pies a cabeza, hizo un gesto de disgusto y se marchó, caminó a su esquina de siempre a tratar de conseguir más clientes.
Nunca pensé estar con un trans y mucho menos en una situación así. Pensaba en las situaciones que me trajeron hasta aquí, pensaba en Jairo diciéndome que no hay nada como un culito de hombre, que son más estrechitos y aguantones, pensaba en las palabras de Eliezer que me decía que estar con un trans no tiene comparación, pensaba en el día que la vi a Maythé haciendo su trabajo en plena vereda, junto al pilar de una casa, recordé que así había estado con Tania hace unos meses atrás.
Tania es más alta que yo, tiene las piernas largas y unos pechos enormes, además dice que siempre anda húmeda, da clases de filosofía en un colegio de mujeres, al sur de la ciudad, escribe poesía erótica (que no me gusta) y lee tanto como tira. Una vez me dijo que le gustaría ser una prostituta para que un don nadie la fotografíe, le sonreí y la cité para hacerle las fotos, fuimos a una oficina desocupada de un amigo, nunca le hice las fotos, nos dedicamos a tirar, ella de pie contra la pared, como si la estuviera cacheando, abrió las piernas y brotó las nalgas, todo adentro y desde ahí siempre fue así y en el mismo lugar, siempre de pie, ella dándome la espalda, doblando las piernas abiertas y yo puteándola en su oído.
Así la vi a Maythé en plena José de Antepara, antes de las nueve de la noche, atorada por un tipo que tenía puesto un casco de moto en la cabeza, quizás para ocultar su identidad, la tenía abierta de piernas y él le daba sin pena, Mayté mordía sus labios, como si le gustara y eso me hizo recordar la cara infame de muchas putas que quedan mirando al techo o haciendo como si nada cuando uno está con ellas, luego te apuran y te despachan con un besito en la mejilla, qué cosa para más triste.
No he tenido suerte últimamente, tengo la impresión de que las mujeres me huyen, al menos las que conozco, y para ser sincero, me da pereza empezar a relacionarme con alguien, no quiero sorpresas, no quiero disgusto, si puedo tirar con alguien que conozco lo hago, prefiero evitar la gente nueva, tampoco quiero estar con putas… pero estar con un trans es algo que no lo tenía en mis planes.
Guayaquil es una ciudad movida, hay mucho ajetreo durante el día, mucho congestionamiento vehicular, mucho comercio formal e informal. Pero en la noche es otra ciudad, hay calles que se vuelven solitarias y peligrosas, hay calles que se llenan de prostitutas y hay calles que se llenan de trans, una de esas es la Luque, otra es la Antepara y así varias, pero Mayté se para en la intersección de ambas calles.
Fui directo a donde ella estaba, le pregunté su nombre y le dije que estaba muy guapa, gracias papito, me contestó, me puso la mano en mi espalda y empezó a bajar la mano, me dijo que tengo la espalda dura, también me preguntó si así de dura tengo la verga, me puso la mano en la entrepierna y empezó a sobarme el miembro.
Nunca antes te he visto por aquí, me dijo, ¿eres nuevo?, digo, ¿nunca has estado con una mujer como yo?, le respondí con una mentira, le dije que varias veces, no quería quedar mal y por eso le respondí de esa manera. Mira papito, 15 dólares anal y oral porque chepa no tengo así que no te ofrezco lo que no tengo, pero eso sí, ¡bien despachadito!.
Y ¿dónde lo haremos?
Por acá a la vuelta
¿Dónde exactamente?
En un zaguán, querido, deja la paranoia, esta es mi esquina y aquí me encontrarás siempre.
El otro día te vi apoyada sobre ese pilar, al aire libre, trabajando, ahí mismo quiero yo, ¿te parece?
No, porque en estos días están haciendo batida y no hay que dar chance a esos policías afrentosos que solo quieren sacarnos el billete, miserables de mierda, pero la vida se ha de encargar de darles hijos gays.
Bueno, vamos entonces, y empezamos a caminar. ¿Cómo te llamas y cuántos años tienes?
Me llamo Maythé, tengo 19 años.
¿Y desde hace cuánto te dedicas a esto?
Mmmm como desde los 16.
¿Cómo así?
Mmmmm en mi casa siempre papá me decía que le daba coraje de ver que yo era amariconado, me llevaba al estadio, me hablaba de fútbol, pero por gusto, a mi no me gustaban esas cosas. Me decía que cuando cumpliera quince me iba a llevar a la 18 para que se me quite la mariconada y un día me pegó y me botó de la casa porque me encontró usando ropa de mi hermana, me dijo de todo, que era un enfermo, que era una vergüenza para la familia, que les daba mal ejemplo a mis hermanas.
¿Y qué hiciste?
Me fui a la casa de un amigo, él también era gay, a él la familia no le decía nada, la mamá lo aceptaba y lo quería mucho.
¿Y tu mamá?
Ella hacía todo lo que mi papá decía, era bien sometida mi viejita, le suplicó a mi padre que no me bote pero fue inútil, lloraba de rodillas ante él y lo que se ganó fue una cachetada y la acusación de mi padre, le decía que todo esto era por culpa de ella que me había engreído mucho y que por eso yo era así.
¿Y tus hermanas?
Ay no, cada vez que me acuerdo de sus caritas llorando se me parte el corazón, mis ñañitas, pero bueno.
¿Y tu padre qué dice ahora?
Mi padre falleció hace un par de años, antes de morir me pidió disculpas y me dijo que cambie, que esas cosas a Dios no le agradan, es que había empezado a ir a la iglesia evangélica cuando le detectaron cáncer en la próstata, porque era bien putañero, se jactaba de ser un buen culeador, decía que eso era herencia del padre, por eso le daba coraje que yo sea maricón.
¿Te sentiste mejor cuando murió?
La verdad si me dio mucha pena, fue duro, aparte él era el que se encargaba de los gastos de la casa, y como nunca había dejado trabajar a mi mamá la cosa se puso color de hormiga. Lo que yo ganaba en la peluquería no alcanzaba y ya pues luego decidí trabajar en esto y así saco a mi madre y hermanas adelante.
Lo observé de pies a cabeza, habíamos llegado al zaguán, mi lívido estaba por los suelos, mis ganas se habían desvanecido, metí la mano en mi bolsillo izquierdo, volví a sacarla. Hice un largo suspiro, le miré el rostro, parecía el de una mujer, sus labios bien formados y carnosos, sus ojos encendidos, su nariz perfilada.
Mayté, te voy a dar los 15 dólares que acordamos, no creo que pueda estar contigo, me acordé de algo y me siento mal.
Tu te lo pierdes, papito. Pero tranqui, no me des nada, así tengo la esperanza de que regreses otro día y poderme comer ese huevito. Por cierto, no me has dicho tu nombre ni quién eres.
Nadie, no importa mi nombre... 

















Foto (referencial): Pedro Freire
Texto: Pedro Freire

4 comentarios: